El regalo de la meditación

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Con una melodía muy serena empiezo a compartir contigo mi experiencia meditando…

Hace unos días estuve en una conferencia acerca de la sicología positiva, que se traduce en la ciencia que estudia y busca la felicidad y el bienestar en los seres humanos. Uno de los conferencistas, por cierto alocado, nos habló acerca de la meditación y lo más valioso que te quiero compartir y como lo dice la foto de arriba: El meditar no es exclusivo de los budistas, ni de los que practican el yoga y otras tantas disciplinas; el meditar es tan solo estar presente, poner tu atención en lo que estás viviendo en cierto instante, lo que te lleva a calmar un tanto tu mente y sentir el aquí y el ahora.

Si te suena muy loco te diré que al comienzo para mi también lo fue porque en mi mente estaba lo que ya te contaba y me rehusaba a pensar que como creyente cristiana llegará a hacerlo y resulta que en la oración tu contemplas, meditas, reflexionas y calmas tus pensamientos y quieres saberlo, no hay receta, empieza como tu quieras, eso si en un lugar tranquilo y despejado que te permita salirte de tu rutina y cambiar el chip.

Mi recomendación es hacerlo a diario, en mi caso salgo al parque a hacer ejercicio, me llevo un buen libro y en medio de estas actividades contemplo, oro y medito; ha sido fabuloso, además porque lo hago a mi manera, jamás he buscado un tutorial o he leído una guía de cómo meditar, es simple intuición y el encontrar ese momento preciso.

Entonces la invitación es a que te salgas de la rutina y si no logras hacerlo a diario o no alcanzas a ir al parque o a otro lugar, trata de buscar un espacio en el día en el que lo puedas hacer, intenta con tacones y corbata , es cuestión de actitud y voluntad.

Recuerda… Be Present!

 

 

 

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Finalizando el 2015…

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes laalegrí­a y el sentido del resto.
Cerrando cí­rculos, o cerrando puertas, o cerrando capí­tulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.

El desgaste ya a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capí­tulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse.

No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardí­os, ni empleados de empresas inexistentes.¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender “tu televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentalmente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capí­tulos.
Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí­ en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos dí­as, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver.
Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, FELIZ 2016!
Paulo Coelho